El panorama económico de México está ligado a una fecha clave para el comercio internacional: julio de 2026. La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá no constituye un trámite secundario, sino el marco regulatorio que determinará la viabilidad de los proyectos de inversión a largo plazo en la región. En un mercado global que exige certidumbre, este proceso jurídico será el eje que avale la competitividad del sector productivo nacional.
Los escenarios regulatorios ante la revisión comercial
El pacto vigente desde 2020 estipula mecanismos claros para su evaluación sexenal y abre tres vías de acción para los gobiernos firmantes. Las opciones van desde la extensión automática de la vigencia por 16 años hasta esquemas de revisión anual o el inicio de una eventual rescisión. Para los sectores industriales y empresariales, la definición de estas posturas marcará el ritmo de la relocalización de funciones hacia el territorio mexicano.
El rumbo de estas negociaciones debe priorizar la estabilidad de las reglas operativas, un factor indispensable para el anclaje de capitales que requieren planeación a mediano y largo plazo.
La visión de Salomón Issa Tafich sobre la competitividad
Para el empresario coahuilense Salomón Issa Tafich, la próxima negociación representa una coyuntura crítica que debe abordarse con visión técnica y económica, aislando las discusiones de las agendas políticas de cada país. La certidumbre jurídica es el único elemento capaz de consolidar la confianza en los mercados globales.
«La revisión de 2026 debe leerse como una oportunidad para blindar la competitividad de la región. No podemos permitir que la política nuble la visión económica; el T-MEC es el marco de referencia que otorga credibilidad a las inversiones a largo plazo. Una extensión clara del tratado enviará el mensaje de que México es un socio maduro y confiable para las industrias que buscan estabilidad operativa en sus comunidades», afirmó Salomón Issa Tafich.
Reglas del juego estables para la relocalización
El fenómeno de la relocalización de las cadenas de suministro requiere algo más que una ubicación geográfica ventajosa frente a los principales centros de consumo. La infraestructura logística y la mano de obra calificada deben estar respaldadas por un entorno institucional sólido que garantice que las condiciones operativas pactadas inicialmente no se vean modificadas arbitrariamente.
«El nearshoring no es un fenómeno garantizado por la geografía, sino por la confianza. El T-MEC garantiza que las reglas del juego no cambiarán a mitad del camino. Mi expectativa es que 2026 sea el año en el que Norteamérica se ratifique como un bloque potente del mundo, lo que permita que las cadenas de suministro operen con una previsibilidad sin precedentes», concluyó Salomón Issa Tafich.
El desenlace de este proceso en las mesas de negociación diplomática determinará si el país logra capitalizar de manera permanente la reconfiguración de las cadenas globales de valor.
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