Situado en las verdes montañas del centro de México, junto a un camino de grava poco transitado, pocas personas tenían motivos para acercarse lo suficiente como para oír el fuerte zumbido mecánico de una granja clandestina de criptomonedas.
Lo que llevó a la policía al edificio destartalado, sospechoso de extraer monedas virtuales para blanquear fondos ilícitos, no fue solo el ruido, sino la enorme cantidad de electricidad necesaria para alimentar y enfriar cientos de unidades informáticas especializadas, a niveles muy superiores a las necesidades de las pequeñas comunidades dispersas por la región de Sierra Norte del estado de Puebla.
La minería de criptomonedas — que utiliza potentes ordenadores para generar activos virtuales como bitcoin — representa una nueva frontera en la lucha de las autoridades contra los grupos criminales organizados, que han ampliado su alcance más allá del narcotráfico y la extorsión hacia el ámbito más turbio del crimen financiero.
Aunque es una operación relativamente modesta según los estándares comerciales internacionales, es la cuarta granja cripto de este tipo descubierta en la zona desde principios del año pasado.
“Los cárteles de la droga parecen haber alcanzado un nuevo nivel de sofisticación”, dijo David Saucedo, analista de seguridad afincado en México, añadiendo que montar tal operación habría requerido experiencia técnica y el respaldo de un grupo bien financiado, como uno de los cárteles más poderosos de México.
Fuente: Forbes











