En el complejo tablero de la geoeconomía actual, la ratificación y puesta en marcha de la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) se presenta como uno de los hitos más determinantes para la política exterior y comercial mexicana.
Este acuerdo, que evoluciona tras más de dos décadas de vigencia del tratado original, no solo busca la liberalización arancelaria, sino que pretende establecer un marco de gobernanza corporativa, sostenibilidad y protección jurídica que responda a los desafíos productivos del año 2026.
La actualización del tratado trasciende la mera compraventa de mercancías tradicionales. Uno de los pilares más robustos de esta nueva etapa es la apertura casi total del sector agroalimentario, donde México posee una ventaja competitiva estructural. Sin embargo, el verdadero valor estratégico reside en la inclusión de servicios financieros, comercio digital y telecomunicaciones.
La Unión Europea, como bloque, representa el segundo mayor inversor extranjero en México. La modernización del tratado busca capitalizar esta relación mediante la simplificación de reglas de origen, permitiendo que las manufacturas mexicanas —particularmente en los sectores automotriz, aeroespacial y de dispositivos médicos— se integren de manera más profunda en las cadenas de valor europeas. Esto es fundamental para reducir la dependencia comercial respecto a Norteamérica y fortalecer la resiliencia económica nacional.
Fuente: americaretail-malls.com
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