Cada mayo, la conversación sobre la Participación de los Trabajadores en las Utilidades (PTU) suele reducirse a dos preguntas: cuánto toca y cuándo pagan. Es comprensible. Para millones de trabajadores formales, la PTU representa uno de los ingresos extraordinarios más relevantes del año.
La PTU debería leerse como algo más potente: un dividendo laboral. Es la señal más directa de que el trabajo también participa del resultado económico de la empresa. No es una prestación decorativa ni un bono discrecional. Es un derecho constitucional que reconoce a las personas trabajadoras una parte de las ganancias generadas por la empresa o persona empleadora durante el año anterior, de acuerdo con el.
Las personas que trabajan para una empresa deben recibir sus utilidades a más tardar el 30 de mayo; quienes laboran para una persona física tienen como límite el 29 de junio. El monto está sujeto a un límite: tres meses de salario o el promedio de la PTU recibida en los últimos tres años, lo que resulte más favorable para la persona trabajadora.
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