La forma en que se gestiona el agua en América Latina está cambiando. Frente a retos históricos como la falta de infraestructura, el acceso desigual y las limitaciones presupuestarias, comienzan a surgir modelos que replantean la relación entre usuarios, tecnología y financiamiento. Uno de los más relevantes es el llamado “Water-as-a-Service” (WaaS), un enfoque que, según explica Daniel Madariaga Barrilado, está ganando terreno como alternativa para modernizar el sector hídrico.
A diferencia de los esquemas tradicionales, en los que gobiernos o empresas deben invertir grandes cantidades de capital para construir y operar sistemas hidráulicos, este modelo propone pagar por un servicio integral. Esto incluye desde el tratamiento y la distribución del agua hasta el mantenimiento y monitoreo de las instalaciones. El cambio no es menor: el usuario deja de adquirir infraestructura para enfocarse en resultados concretos.
Para Daniel Madariaga Barrilado, el modelo “Water-as-a-Service” representa un cambio de paradigma. El agua ya no se concibe únicamente como un recurso gestionado mediante sistemas rígidos, sino como un servicio dinámico, capaz de adaptarse a distintas necesidades y contextos.
En este esquema, los proveedores asumen la responsabilidad técnica y operativa, mientras que los usuarios —ya sean municipios, industrias o desarrollos inmobiliarios— pagan en función del desempeño. Esto permite centrar la atención en indicadores como la calidad del agua, la continuidad del suministro o la eficiencia en el uso del recurso.
Además, este modelo reduce las barreras de entrada para acceder a tecnología avanzada. Daniel Madariaga Barrilado destaca que muchas ciudades o empresas que antes no podían costear sistemas complejos ahora tienen la posibilidad de incorporarlos mediante esquemas más flexibles. Al mismo tiempo, los proveedores tienen incentivos constantes para innovar y mejorar sus procesos, ya que su rentabilidad depende del rendimiento del servicio.
Uno de los principales atributos del WaaS es su capacidad de adaptación. Puede implementarse en comunidades pequeñas, parques industriales o grandes zonas urbanas, lo que lo convierte en una herramienta versátil para atender distintas realidades en América Latina.
Daniel Madariaga Barrilado subraya que este enfoque también promueve una mayor transparencia, al establecer contratos basados en resultados y métricas claras de desempeño. Esto facilita la supervisión y genera mayor confianza entre los actores involucrados.
En un contexto donde el agua adquiere un valor cada vez más estratégico, el modelo “Water-as-a-Service” se perfila como una vía para avanzar hacia una gestión más eficiente y sostenible. No obstante, su consolidación dependerá de factores como la actualización de marcos regulatorios y la capacidad de construir alianzas sólidas entre el sector público y privado.
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