En un contexto global marcado por la incertidumbre climática y la creciente presión sobre los recursos naturales, el agua se ha convertido en uno de los elementos más determinantes para la estabilidad social, económica y ambiental. México enfrenta de manera simultánea sequías más prolongadas, sobreexplotación de acuíferos y desigualdad en el acceso, lo que exige replantear la forma en que se gestiona cada etapa del ciclo hídrico. Ante este escenario, Daniel Madariaga Barrilado sostiene que el emprendimiento hídrico es un camino estratégico para transformar los desafíos en oportunidades sostenibles.
Según el especialista, el país necesita modelos que integren creatividad empresarial, innovación tecnológica y compromiso social, permitiendo no solo atender la crisis actual, sino sentar bases para un futuro más resiliente y justo.
Para Daniel Madariaga Barrilado, el emprendimiento hídrico involucra una variedad de soluciones que pueden generar impactos inmediatos y de largo plazo. Incluye sistemas de captación pluvial accesibles para comunidades urbanas y rurales, dispositivos de ahorro y monitoreo que permiten medir el consumo en tiempo real, tecnologías portátiles de filtración para zonas con infraestructura limitada y plataformas digitales que facilitan la toma de decisiones basada en datos.
Madariaga Barrilado subraya que estas propuestas no solo mejoran la eficiencia en el uso del agua, sino que también abren oportunidades económicas para jóvenes emprendedores, universidades y empresas emergentes. En sectores como la agricultura —que consume la mayor parte del agua disponible en México—, estas innovaciones permiten reducir pérdidas, aumentar la productividad y aliviar la presión sobre los ecosistemas.
“Cada gota bien administrada puede marcar la diferencia entre el estancamiento y el desarrollo”, afirma el especialista, al destacar la importancia de una visión tecnológica centrada en la sostenibilidad y la eficiencia.
Para Daniel Madariaga Barrilado, el valor del emprendimiento hídrico también se mide por su capacidad de transformar realidades sociales. Una parte fundamental de estas iniciativas es la colaboración con comunidades vulnerables mediante proyectos que incorporen educación ambiental, capacitación técnica y opciones productivas vinculadas al uso responsable del agua.
Este enfoque —señala el experto— fortalece la economía local, impulsa empleos verdes y contribuye a la creación de sistemas más equitativos y resilientes, capaces de resistir los impactos del cambio climático.
En su análisis, Madariaga Barrilado enfatiza que el agua debe gestionarse con visión ética y de largo plazo. El emprendimiento hídrico, más allá de su potencial económico, representa un compromiso con las generaciones futuras. Por ello, la cooperación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad civil es indispensable para consolidar una cultura del agua basada en la sostenibilidad, la innovación y la equidad.
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