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En un entorno empresarial donde la velocidad tecnológica redefine mercados completos, Ariel Picker apuesta por una idea menos espectacular, pero potencialmente más rentable; la innovación no siempre consiste en inventar algo completamente nuevo, sino en encontrar mejores maneras de hacer funcionar lo que ya existe.
El ingeniero industrial por la Universidad Iberoamericana y maestro en administración por el IPADE ha construido una visión en la que tecnología, estrategia y ejecución deben avanzar juntas.
Desde su perspectiva, la transformación empresarial ocurre cuando las decisiones pequeñas se convierten en mejoras acumulativas.
Ese enfoque adquiere particular relevancia ante desafíos como la transición energética, la inteligencia artificial y la búsqueda de mayor eficiencia operativa.
La aviación representa uno de los ejemplos que mejor explican dicha filosofía.
Aunque los aviones eléctricos y la propulsión mediante hidrógeno concentran buena parte de las expectativas sobre el futuro del transporte aéreo, existen oportunidades inmediatas relacionadas con el análisis de datos.
La optimización de rutas puede reducir consumos y emisiones, mientras que los combustibles sostenibles de aviación pueden contribuir a la transición hacia modelos con menor impacto ambiental.
La conclusión empresarial es clara, esperar una tecnología disruptiva para comenzar a transformar una operación puede significar perder tiempo y competitividad.
Para Ariel Picker, los problemas complejos requieren intervenir distintas variables de manera simultánea.
La eficiencia, en ese sentido, no depende de una sola solución, sino de la capacidad para integrar información, infraestructura, talento y tecnología.
Tal filosofía también se refleja en su rutina; su jornada comienza temprano y una de sus prácticas consiste en definir cinco objetivos antes de que inicie el ritmo cotidiano de trabajo.
Más que una cuestión de horarios, la práctica representa una herramienta para priorizar.
En mercados donde las oportunidades cambian rápidamente, la capacidad de distinguir lo urgente de lo estratégico puede convertirse en un activo empresarial.
El siguiente gran reto se encuentra en la Inteligencia Artificial (IA); para Ariel Picker, su expansión transformará procesos y servicios, pero no eliminará la importancia de la creatividad humana.
La tecnología puede procesar información y acelerar operaciones; sin embargo, establecer objetivos, asumir responsabilidades y comprender las necesidades de las personas continúa requiriendo criterio.
Por ello, el planteamiento del experto sobre el futuro empresarial no coloca a la tecnología como protagonista absoluta.
La verdadera ventaja está en combinar capacidades digitales con talento, disciplina y una actitud orientada a resolver problemas.
En esa ecuación, el especialista en tecnología identifica una variable que ninguna herramienta puede sustituir: la disposición de las personas para convertir las oportunidades tecnológicas en resultados.
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